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Miércoles, 11 de mayo de 2005

Hacía un viento ligero y frío, las nubes se volvieron de color gris, amenazando con llover. A lo lejos sonaban los truenos, como si alguien diera golpes a las montañas o, como si un gigante pisara aquellas nubes del color de los ojos de mi corazón.
La hierba se confundía con el color de mi pincel, al pintar en mi cuadro, a la dama más hermosa que mis ojos hayan podido contemplar y que los dioses hayan podido crear, todo mi color se confunde en mi amor y que a la vez describo con mi pincel.
Con mis ojos mirándola atentamente, hice un dibujo en mi mente y así, quedaría grabado su rostro por siempre en mi, podía besar sus labios con mis ojos, podía rozar su rostro, sentía como lo acariciaba, como acariciaba su pelo, como acariciaba su cuello, y el sueño perseguido por mi amor.
Ella no sabía lo que sentía por dentro e inmortalizándola en aquel cuadro era el modo de expresarlo.
Sentado en un taburete con mi jersey de cuello alto negro, un pantalón vaquero azul claro, y mis pies descalzos, iba dibujando mi cielo y mi corazón.
Ella estaba sentada, ¡no!, estaba tumbada en la hierba y me miraba a los ojos fijamente, como si quisiera penetrarlos, la sonrisa se le saltaba de vez en cuando, yo la miraba a los ojos para que sonriese, para así captarla entre mis pinturas, los truenos resonaban cada vez un poco más fuerte, señal de que los dioses vieron tal bello rostro grabado en mi cuadro, que sintieron envidia y quisieron destruirlo. Rápidamente tapé mi cuadro con un plástico y me acerqué a ella, con la intención de darle una manta que me traje por si empeoraba el tiempo.
La lluvia caía en su rostro, haciéndola más hermosa aún, sus cabellos y sus labios mojados y toda la figura de su cuerpo virgen empañaban la envidia de los dioses que, sin quererlo, la hicieron aún más hermosa todavía.
Yo la miraba fijamente con los ojos tímidos y la cabeza cabizbaja, sentía la hierba mullida cuando le cogí de su mano para apoyarla en mis latidos y sin querer me deje llevar hacia ella muy lentamente hasta que casi pude sentir el aire que emanaba al respirar de sus labios, y un beso fortuito rompió el rayo más incesante que separaba el sueño fantasma de mi cuadro y su tacto en mi pecho.
Por: vicente | Cuentos | Comentarios (1) | Referencias (0)
Ma he gustado la imagen que has descrito, la lluvia, la pintura, unos ojos que se encuentran, son los mejores ingredientes para una historia de amor.
Marta | 13-05-2005 20:01:22